Caminar Latino no se considera a sí mismo simplemente como un programa de intervención o un proveedor de servicios para contrarrestar los efectos de la violencia doméstica en las familias latinas.

El programa se ve más bien como una organización de cambio social que tiene por fin acompañar a las familias en su ruta hacia una vida sin violencia y ofrecer a todos sus miembros oportunidades para efectuar cambios en sí mismos, en la familia entera y en sus comunidades.

Otro aspecto importante de la filosofía de Caminar Latino es no adoptar una posición distante de las personas con las que trabajamos, lo que supone establecer relaciones horizontales (no verticales), no pedir a los participantes que hagan cosas que nosotros mismos no haríamos (por ejemplo, imponer una autoridad jerárquica cuando pedimos a los hombres que no lo hagan con sus compañeras), y la convicción fundamental de que todas las personas que participan en la intervención pueden aprender las unas de las otras.

La misión se realiza incorporando en el enfoque del programa el feminismo del tercer mundo y las enseñanzas del educador brasileño Paulo Freire. Conceptualizando la violencia doméstica como una cuestión de derechos humanos, Caminar Latino insiste en la importancia de que los participantes experimenten una “concientización”, esto es, la adquisición de una conciencia crítica. Este es el proceso por el cual los individuos adquieren conciencia de los contextos políticos, sociales y económicos que rigen su vida, y de su capacidad para modificar esos contextos. Mediante la “concientización”, Caminar  Latino procura ampliar la capacidad de las mujeres y los niños para identificar el comportamiento abusivo que vulnera sus derechos humanos, de entablar un diálogo con otras personas que han tenido experiencias semejantes y de adoptar medidas para transformar sus vidas como verdaderos agentes de cambio.